Pezón Plano

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Estás sobre la camilla del paritorio, habiendo superado el esfuerzo físico más intenso de tu vida, tratando de asimilar que la criatura reptando por tu pecho es tu hija recién nacida, buscando alimentarse instintivamente por primera vez, cuando la comadrona te prensa la teta con sus dedos cual pinza y dice:

Tienes el pezón plano, a tu bebé le va a costar mucho engancharse a él.

Bravo. 

Por ella, por el sistema sanitario, por la sociedad entera que desalienta a la mayoría de madres primerizas en nuestro atolondrado camino por la lactancia, desde el minuto uno. Porque yo no tenía ni idea de que existía un tipo de pezón, con el que fuera más fácil el enganche. Son muchas ya las historias escuchadas de amigas, sobre las semanas o pocos meses que fueron capaces de darle el pecho a sus hijos, gracias a la falta de información y comprensión por parte de una sociedad industrializada, adicta a solucionar los problemas comprando cosas. Sin ánimo de criticar a los profesionales de la salud, creo que el sistema sanitario-social que debemos crear entre todos, en sí debería formarlos para fomentar la lactancia antes, durante y después del parto. Es más, creo firmemente que parte de una asignatura como Educación Sexual, en todas las escuelas, deberían ser tanto la maternidad, como la paternidad, el embarazo, el puerperio y la lactancia, un tema principal de enseñanza, al habernos apartado demasiado de nuestro instinto mamífero.

Emprendí este camino completamente convencida de recorrerlo durante varios años, porque sé que es el mejor alimento que puede recibir mi hija, porque hacerlo es anticapitalista, porque es una posibilidad hermosa de nuestra naturaleza humana y porque debo reivindicar el profundo respeto de nuestro derecho a la lactancia, ya que documentales como MILK (disponible en Amazon Prime Video) me han roto el corazón.

La verdad es que a pesar de ver videos de Youtubers de todas partes del mundo hablando del tema, leer toda la info que hay en la red más la que te da la matrona y/o obstetra, me resultó muchísimo más difícil darle el pecho a mi bebé que dar a luz. Ella lloraba a todas horas durante sus primeras semanas de vida y escuchar a miembros de mi familia aseverar que la niña estaba pasando hambre, cuestionar si la calidad de mi leche era buena o repetir cientos de veces que tragaba mucho aire porque no estaba mamando bien, complicaba más aún mi situación. Sentía que no sería capaz de conseguirlo, lloré a escondidas para evitar mostrarme derrotada, me sentí impotente y sufrí, cuando una de las consecuencias de mi empeño en la lactancia, fueron los supuestos “cólicos del lactante” que padecía mi chiquita, junto a su pérdida de peso.

Pero respiré profundo, medité, solté y confié hasta lograr que la decena de veces al día que le alimento, hoy sea realmente una gran satisfacción.

Hubo información clave que me hubiera gustado recibir por parte del personal sanitario que me atendió durante los nueve meses de embarazo (de quien fuera, tanto enfermeras como médicos, obstetras, matronas o comadronas) o al menos, un asesoramiento más preciso en aquellos dos días que estuve ingresada en el hospital. Pero como no ocurrió, te comparto mis ideas por si te sirven de inspiración:

: Lleva una pezonera en tu bolso del hospital. Te servirá tanto si se dañan tus pezones, como si los tienes planos o si a tu bebé le cuesta engancharse. Conseguirás crear calostro, promover la subida de leche y consolidar la confianza de que eres muy capaz de alimentar a tu retoño. Si vas intercalando en cada toma, pecho con y sin pezonera, estate segura que en muy pocos días (o incluso solo en horas) te desharás de ella.

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: Si llevar un cojín de lactancia te resulta incómodo, has olvidado comprarlo antes del nacimiento o está fuera de tu presupuesto, un cojín cervical de viaje te será de mucha ayuda, ya que tu recién nacido es muy pequeño y cabe perfectamente sobre éste, facilitando su acceso a la teta mientras sostienes cómodamente su frágil cabecita. Porque las almohadas que haya en tu habitación, las necesitarás (todas) para tener tu espalda y coxis en una postura lo más recta posible, evitando así futuras contracturas.

: Consigue un sacaleches (te hiper recomiendo NatureBond) por si acaso en el hospital te costara producir leche, así estimulas el pecho. Lleva unas bolsas de congelación o recipientes, que te permitirán conservarla de forma segura a temperatura ambiente durante un máximo de cuatro horas, hasta llegar a tu frigorífico, donde durará hasta tres días. Si eres mami trabajadora, te resultará interesante ir creando tu provisión de leche ya que la baja maternal es muy corta y los meses… ¡pasan volando!

: Lo único fundamental e indispensable para producir leche es beber líquido. Mucho. Muchísimo y solo agua. Olvídate de zumos o bebidas extrañas que te intoxican y harán de tu bebé, un adicto al azúcar. Hazte con una botella que puedas recargar (hay muchos hospitales que tienen fuentes de agua en los pasillos) y comprueba así que bebes al menos 3 recargas totales de agua. Si te aburre su insipidez, como me pasó a mi, prueba beber infusiones de rooibos a diario (sin riesgos para lactantes) o infusionar el agua con frutas, verduras y hierbas frescas. Algunas de mis mezclas favoritas en 500ml de agua son:

> 3 finas rodajas de limón, 5 de pepino y 2 de jengibre

> 3 finas rodajas de pomelo, un puñadito de granada y una ramita de romero

: En cuanto llega la subida de leche, pasarás una larga semana (o quizás más) chorreando y con los pechos duros como rocas. Si tu baby no es capaz aún de vaciarte la teta, el sacaleche sigue siendo tu mejor aliado para evitar el terror de las madres lactantes: la mastitis.

: Visualiza. Una buena idea durante tus meses de embarazo e incluso al comienzo de la lactancia, es crear tu “Libreta de Manifestación” y así practicar la maravillosa ley de la atracción, que rige en nuestro desconocido universo. Cada mañana, mientras desayunas, escribe en una libreta exclusiva para este cometido, cómo te imaginas dándole el pecho a tu bebé. Describe la sensación que tienes al hacerlo y agradece que esté sucediendo porque sí… debes escribirlo en verbo presente, como si ya se estuviera manifestando en tu vida. Repetir estas afirmaciones re-programan tu subconsciente (tu modo automático) para que funcione a tu favor. Un ejemplo sería: 

Me siento feliz y agradecida de alimentar cada día a mi bebé desde su nacimiento, a demanda, obteniendo la cantidad de leche que le satisface. 

Escribe esta frase en cada renglón, hasta llenar una hoja al completo y al día siguiente, repite ésta misma oración o deja fluir tu creatividad, siempre pensando que ya está sucediendo, para pedir la imagen de lactancia que más alegría te provoque. 

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Síguela en Instagram

: Medita. Pasarás con tu bebé prendido a tu pecho, una decena de franjas de unos veinte minutos o más, por lo que respirar hondo mientras practicas un ritual de meditación, calmará tu ruido mental, dará paz a tu bebé y crearás una mágica energía que te beneficiará profundamente, varias veces al día. Vale mucho más aprovechar hacerlo al menos una o dos veces por jornada, antes que estar evadiéndote de tan bellos momentos con el teléfono móvil o la televisión.

: Busca otras ideas, encuentra más inspiración. El hashtag #brelfie en Instagram está lleno de mujeres como nosotras, que viven en un mundo dual, lleno de alegrías y tristezas, vibrando con el ying & yang de ser una madre conectada a la lactancia.

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